Vigencia del Derecho de Autor: hacia un cambio inevitable

Nota: Estas breves reflexiones dadas en el marco del Curso “Arte y cultura en circulación. Introducción al derecho de autor y las licencias libres”. Interrogantes disparadores del docente: ¿Cuáles creen que han sido los cambios fundamentales en la relación entre autor/editor con el advenimiento de Internet? ¿Creen que el modelo del derecho de autor tradicional está en crisis? ¿Por qué?

 

El Arte es hoy un mercado del arte y la demanda de utilidad sobrepasa la demanda de belleza; las creaciones artísticas importan en tanto se constituyan en mercancías que puedan circular en el mercado. Paradójicamente, mientras se consagran Derechos Humanos para el creador[1], la protección jurídica se vuelca cada vez más a la protección de la “obra de arte”, es decir del objeto. Cabe preguntarse entonces, ¿cuál es el papel del Derecho de Autor en este escenario? ¿Cómo han de conjugarse las viejas normas –nacidas bajo el paradigma decimonónico liberal– frente al avance de las nuevas tecnologías y el crecimiento de internet? ¿Es posible adecuar dichos principios a los nuevos tiempos que corren?.

Adelantando la respuesta, pensamos que es necesario un cambio de paradigma. El Derecho de Autor se muestra hoy no solo carente de respuestas jurídicas acordes a los nuevos interrogantes y planteos que genera el nuevo escenario tecnológico –vemos como muchas veces se recurre a interpretaciones forzadas e infundadas de las viejas normas–, sino incluso se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la protección de quienes (supuestamente) dicen proteger, es decir los “autores”. Se observa a diario sin embargo diferentes discursos bregan por un régimen más severo y estricto del Derecho de Autor, procurando mayores restricciones al acceso de producciones culturales, extendiendo los plazos de protección y en definitiva, reforzando el paradigma de la “exclusividad” o monopolio en el aprovechamiento económico de una obra. Ante ello, y como un primer elemento clarificador, debemos tener presente la distinción entre “autor/creador”, es decir el “titular originario” de los derechos que nacen a partir de la creación de la obra de arte, y el “titular derivado”, que ha adquirido por cesión el monopolio de la explotación económica de los derechos de autor, y en su mayoría son grandes empresas (productoras y distribuidoras de música, cine, literatura, etc.)[2]. A instancias de estas grandes empresas es que se intenta mantener vigente el caduco paradigma del Derecho de Autor.

Por ello al analizar los evidentes cambios que supone la masificación del intercambio de contenidos por internet, hemos de temer presente aquella distinción pues si únicamente se aseguran los intereses económicos de quienes son titulares es claro que nada se habrá hecho por los reales creadores.

Internet y el entorno masificado de circulación de contenidos han provocado profundos cambios a este respecto. El Derecho de Autor se ha cimento sobre el concepto de “obra protegida”, es decir, sobre el “objeto” del derecho y no sobre el “sujeto”. Ello se debe, entre otras cosas, a la idea de “materialización” del arte y de la mercancía en general. Ideas nacidas a la luz del liberalismo jurídico del siglo XIX, y de la idea del “artista genio” del romanticismo artístico, es decir artista como sujeto individual productor de obras (materiales). Ello instituyo un apropiacionismo que asimilo la “obra de arte” al “soporte de la obra”, y luego en el curso del Siglo XX, a la “mercancía”. En esta lógica, una obra de arte entonces puede (y debe) ser libremente negociada en el mercado, al igual que un automóvil, o una heladera, y quién pague por ella se habrá asegurado su monopolio.

Internet ha roto esta lógica; ha venido a contrarrestar esta “privatización” de la cultura –y su paradoja de cada vez mas cultura, pero cada vez mas costo y limitado su acceso–. Como todo cambio, a falta de normas o ante la existencia de instrumentos obsoletos, se plantean un sinnúmero de interrogantes. ¿Cómo conjugar esta democratización de los bienes culturales y los derechos del sujeto creador? He allí, a nuestro entender, el punto central de la discusión. Y para afrontar la misma creemos que es necesario iniciar por reconocer que el Derecho de Autor y el paradigma construido sobre el monopolio de la explotación económica y por la “apropiación” del soporte, se muestra como insuficiente. El Derecho, como ciencia, no se encuentra constituido únicamente por las leyes escritas (“derecho positivo”), sino también por la realidad en la que dichas normas se desenvuelven y asimismo por las valoraciones que la sociedad pone en juego. La realidad marca hoy un escenario diferente a aquel que imaginaron los padres del Derecho de Autor; desconocerlo es regular jurídicamente para ciegos. El debate deberá atender a los dos principales protagonistas: el sujeto creador por un lado; y el grupo, la sociedad, por otro. Es necesario entonces una superación y, en definitiva, una apertura hacia nuevas ideas[3].


[1] Así lo establecen varios instrumentos de Derechos Humanos, los que sin embargo muchas veces resultan poco conocidos. Así, Declaración Internacional de Derechos Humanos, art. 27; Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, art. 25; Declaración Americana de Derechos Humanos, art. 13; Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos económicos, sociales y culturales, art. 14.

[2] Añadimos que muchas veces dichas cesiones de derechos se dan en condiciones perjudiciales para los creadores, a partir de contratos “formularios”,  sin posibilidad de discutir sus clausulas. Ante ello, creemos que el artista constituye un nuevo “débil jurídico”.

[3] En nuestro caso, creemos que una posibilidad de superación del Derecho de Autor es la construcción del Derecho del Arte, nueva rama transversal que posea al “artista” como centro de la protección, atendiendo igualmente a los intereses de la sociedad (y el acceso a la cultura).

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