Mecenazgo 3.0: el crowdfunding

1.0

El “mecenazgo” surge en el Renacimiento, sin embargo su nombre es debido a Cayo Mecenas, antiguo confidente y consejero de emperador romano Cesar Augusto. La historia lo señala como el precursor del fomento de las artes y las letras, y “protector” de jóvenes poetas; entre sus beneficiados se cuentan a Virgilio, Horacio y Propercio. Pero es durante el Renacimiento cuando algunas de las más adineradas familias burguesas comenzaron a desarrollar el “apadrinamiento” de artistas. Tal vez sea Lorenzo Medici la figura paradigmática del mecenazgo renacentista. Mediante aportes económicos –que no siempre consistían en la entrega de dinero– se aseguraba a los “artistas” cierta tranquilidad económica que los dejara en libertad para abocarse sin preocupaciones a su actividad creativa. No oculto la ingenuidad de esta mirada; los “mecenas” burgueses buscaban ganar prestigio y posicionamiento social, gestando un arte propio que enfrentara al arte dictado férreamente por la Iglesia. Sin embargo, la institución del mecenazgo permitió a grandes creadores de la época –Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, no agotan la lista– llevar a cabo su vida de “artistas libres”, y su espíritu benéfico y parental atravesó los siglos hasta  nuestros días.

2.0

El ingreso en el Siglo XX supuso una profunda transformación para este patrocinio artístico. Los antiguos burgueses –que cimentaban su riqueza en el comercio– se transformaron en adinerados capitalistas, dueños ahora de grandes empresas. La familia Medici se transformó en la familia Rockefeller. Durante la primera mitad del Siglo XX Abby Rockefeller y Nelson Rockefeller se dedicaron a utilizar parte de la fortuna que atesoraban al financiamiento de artistas tan disimiles como contradictorios, entre los que cuentan muchos creadores latinoamericanos. El propio M.O.M.A (Museo de Arte Moderno de New York) fue creado por su iniciativa, y sirvió para atesorar varias de las obras financiadas por mecenazgo.

Paralelamente, las grandes marcas se convirtieron en “mecenas despersonalizados”. La mayoría de las grandes empresas cuenta en la actualidad con diferentes programas o divisiones destinadas a patrocinar propuestas artísticas. La lógica del sistema se mantiene intacta: se otorgan beneficios desinteresados a los artistas, con el objetivo de conseguir un prestigio social que posicione a la empresa en el ideario colectivo. Sin embargo, el interés de los grandes capitales por beneficiar artistas tal vez se explique mejor por un concreto beneficio económico: en muchos países, los fondos destinados por las empresas al mecenazgo, son bonificados luego en el pago de las obligaciones tributarias. En Argentina no existe aún una ley de mecenazgo, aunque desde el año 2009 funciona en la Ciudad Autónoma de Bs. As. un importante antecedente. Así, la ley 2.264 crea “Régimen de Promoción Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires destinado a estimular e incentivar la participación privada en el financiamiento de proyectos culturales”, que fija diferentes beneficios para aquellas personas físicas o jurídicas que realicen aportes dinerarios o no dinerarios a proyectos culturales establecidos como “de interés” por la Ciudad.

3.0

Asistimos ahora a una nueva versión del mecenazgo, conocido como crowdfunding, un mecenazgo plural o, como se ha dicho, un micro mecenazgo. El objetivo sigue siendo el mismo: asistir al artista en la angustiante tarea de conseguir fondos que permitan, no solo concretar su obra, sino también asegurar su subsistencia. Los aportes no provienen ya de grandes patrimonios, sino de pequeños patrimonios reunidos. De esta manera, mediante sistemas como los creados por Ideame en America Latina, permiten unir artistas con patrocinadores, ideas con financiación[1]. La novedad de la propuesta ha permitido la concreción de diferentes proyectos a partir de aportes que realizan diferentes usuarios interesados en aportar al desarrollo del arte, no ya grandes sumas sino pequeñas contribuciones. De este modo, los artistas publican sus proyectos y un presupuesto necesario para concretarlo. Luego, y por un tiempo determinado, cualquier persona puede comprometer su aporte económico –y a cambio recibir diferentes “recompensas” prometidas por los artistas.

Veamos un ejemplo, de cómo este nuevo mecenazgo ha permitido a los artistas sortear las dificultades económicas de financiación. Realizada a través la plataforma Ideame, la Exposición Colectiva Colage formada por 10 artistas chilenos, reunió el aporte económico necesario para la realización del Catalogo que acompaña toda exposición visual. La edición de 300 ejemplares, permitió incluir obras y textos de los 10 artistas participantes en la exposición “Cortar y Pegar”, realizada recientemente. Una pequeña propuesta, pero un gran ejemplo de cómo la innovación en la producción cultural goza de buena salud.

El crowdfunding es una herramienta que promueve la “economía social de la cultura”, presentando interesantes perspectivas para el futuro.

NOTA: La presente publicación surge a partir de la actividad propuesta en el Curso de “Arte y Cultura en Circulación”, dictado por Artica.


[1] Existen actualmente diferentes sitios que organizan el crowfunding. Remitimos a la detallada enumeración que se realiza en el sitio www.theartiststools.com/crowdfunding/#comment-4937